Últimos campesinos en la Ciudad de México
Por: Alondra Guadarrama Serrano
Las épocas en la que el marco histórico de algunos de los gobiernos revolucionarios y pos revolucionarios de la primer mitad del siglo XX que concentró el grueso de la población en el ámbito rural han quedado enterradas, en las cuales los campesinos fueron las piezas clave para los cambios sociales y procesos políticos, sobre los cuales surgió el Estado mexicano que hoy conocemos.
Una prueba de estos campesinos trabajadores y representantes del México de antes son la familia Carmona. Están ubicados en la zona de Santa Fe, se les conoce como los "últimos campesinos de Santa Fe", ya que esta familia a vivido toda su vida ahí. El señor Emiliano Carmona (padre de familia) ha muerto el pasado 8 de noviembre a causa de cáncer de próstata, pero antes de partir le dejó algunas indicaciones a su hijo para poder descansar en paz, las cuales sus últimas palabras fueron: " Conserva todo lo que yo conservé toda mi vida. Mis vacas, mí milpa, mí tierra".
Se dice que el señor nunca probó la leche de cartón, él siempre tomo la de sus vacas; se bañaba con calentador de leña y consumía tortillas que preparaba con maíz que cosechaba en su parcela. La familia vive en microcosmos rural en medio de la gran Ciudad de México, por lo cual se puede ver como representa el progreso y la modernidad de la misma.
Pero podría ser que esta pequeña familia deje de representarlo, ya que la rodea un gigante de concreto. El señor Emiliano ya era adulto cuando la ciudad comenzaba a crecer.
Por lo tanto al crecer la ciudad, los impuestos para la familia Carmona crecían, así que para pagarlos tienen que vender leche bronca (sin pasteurizar) de una de sus vacas. Esta se las venden a algunos vecinos, lo cual les deja como unos 1200 pesos al mes, pero ya tienen deudas acumuladas de alrededor de 130,000 pesos. Esto es preocupante para la familia porque para pagarlas tendrían que vender aproximadamente 8000 litros de leche bronca. Gerardo (hijo de Don Emiliano) dice "tanta urbanización nos comió, pero no nos sacará de aquí".
Gerardo comenta que algunos vecinos lo alientan a resistir, a no llegar a vender el patrimonio que su padre dejó para el y su esposa.







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